Los Natas estrenaron la Clandestina 2011
El evento, una vez más, era la Fiesta Clandestina -de la que esta página se enorgullece de apostar por la misma consigna (“Nada debería estar prohibido”)- en Groove (Av. Santa Fe 4389). Entre brindis de cerveza con augurios renovados, calor humano en plena batalla contra los extractores, cigarrillos cancerígenos y otras yerbas mucho más sanas, la fiesta empezó con Los Kahunas, una banda que bien podría contratar Quentin Tarantino para que se hagan cargo de musicalizar sus películas. Un surf-rock clásico, estilo Pulp Fiction para los cinéfilos.
Más tarde, fue el turno para que el circo Clowndestino se hiciera cargo de entretener a un auditorio ¾ lleno. Primero fue el turno de acrobacia en tela, momento ideal para que los varones examinaran cautelosamente la figura ejercitada de la rubia artista. Luego, cuatro malabaristas le pusieron humor y vértigo a la noche palermitana haciendo diferentes trucos usando de ayudantes (patiños para los simpsomaníacos) a voluntarios del público. Todo muy lindo, muy entretenido, pero algunos fuimos a ver stoner rock denso. Y estábamos ansiosos.
2:25 de la madrugada del domingo 2 de enero, Las Campanadas dieron por empezado el show de la banda del guitarrista y cantante Sergio Ch, el talentoso animal de la batería Walter Broide y de Gonzalo Villagra en bajo. La marihuana perfumaba los aires y envolvía al sonido que bajaba desde el escenario. Las miradas enfocadas en los acordes, en los intensos golpes a los parches, en las luces que combinadas con el humo producían ese particular momento típico de recital. Típico de pertenecer.
“Gracias a todos por venir, feliz 2011 para todos. Bienvenidos” fueron las primeras palabras de Sergio para con los presentes. Un grupo de rock que prefiere hablar mediante sus instrumentos y sus canciones. Por eso, desfilaron, psicodélicas, potentes y pegadas El Bolsero, Humo Negro del Vaticano y El Nuevo Orden de la Libertad.
“Bueno, ahora vamos a bajar un poquito. La vida es así, a veces se gana, a veces se pierde” explicó el cantante, en tono presuntamente perdedor. De forma inmediata, la balada Ganar, perder. Sólo quedó lugar para dos últimos temazos: Patas de elefante y Ace of Spades, el clásico mayúsculo de Motorhead.
La mayoría no cantó los temas, algo común en los recitales de los Natas, pero esta vez tampoco parecían estar disfrutando del show. Daba la impresión de estar más preocupados por consumir alcohol y por la fiesta de la espuma anunciada para después del show. ¿Fiesta de la espuma y los Natas? Tranquilos, este cronista sólo vio rock y dejó el detergente aguoso para los que seguían sobrios.
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05/01/2011 - 22:26
vamos los natas, me hubiera encantado estar ahi. y el publico supongo que no era el propio de la banda