El Partido

En medio de la represión, un referendúm censurado por Madrid y casi un millar de Catalanes heridos, Barcelona y Las Palmas jugaron por la Liga BBVA. El resultado, una anécdota. Todo lo que lo rodeó, la muestra que el fútbol, muchas veces, es más que sólo fútbol.

 

Nos tomamos el atrevimiento de parafrasear al colega Andrés Burgo, que escribió un enorme libro llamado así. En él, cuenta todo lo que hubo detrás del Argentina-Inglaterra de México 1986, el día que Diego Armando Maradona se subió al Olimpo de los Dioses terrenales. Es que el lo que ocurrió en el Barcelona – Las Palmas del domingo 1ro de Octubre fue mucho, muchísimo más que un partido de fútbol.

En toda la jornada de la Liga BBVA estuvo teñida por el componente político de un Referendúm mediante el cual el pueblo catalán, los que se acercaran a votar, decidirían si querían ser o no independientes del Reino de España. Se trató de una consulta impulsada por el gobierno de Carles Puigdemont que le puso los pelos de punta a Mariano Rajoy y a todo el Palacio de la Moncloa.

Es más,en los últimos meses, cuando el referendúm pasó de amenaza a realidad, hubo un montón de amedrentaciones desde Madrid a Catalunya. Desde la detención de varios miembros de la Generalitat, el pasado 20 de septiembre, hasta el desembarco de la Guardia Nacional y la Policía Nacional horas antes del 1-O para desactivar el “centro de cómputos”, secuestrar urnas y garantizar que el referendúm no se pueda llevar a cabo. De eso a la brutal represión que dejó más de 800 heridos a lo largo de toda la jornada, en especial en Barcelona, sólo hubo un paso.

Rajoy, amparo en la ilegalidad de la consulta, decidió usar la fuerza para impedirle a los catalanes ejercer su derecho al voto. Lo que sucedió el domingo en Cataunya fue un claro acto de impedir el ejercicio de la democracia y las “porras” no distinguieron entre sexos, edades o cualquier otro factor. Todo aquel que intentara entrar a uno de los colegios habilitados, se topaba con la brutalidad de la Policía Nacional de España, incluso, los Mossos d’Squadra (la policía catalana) tomó partido por sus ciudadanos y los defendió, al igual que los bomberos catalanes, quienes también recibieron palos de parte de los uniformados que Rajoy envío a la región.

 

Con su tosudez y violencia, Rajoy le puso tintes épicos a una jornada que, de haberse desarrollado con normalidad,no los hubiera tenido. Ya que en algo tienen razón en La Moncloa, no son la amplísima mayoría de los catalanes los que quieren la escisión, al menos hasta ayer. Es por eso que los palos, la represión el ataque directo de Madrid a Barcelona sólo consiguió legitimar el reclamo y sumar ciudadanos a una causa que, a priori, quizás no les interesaba. Ahora sí Catalunya buscará, por todos los medios, su independencia, al menos del gobierno autoritario de Mariano Rajoy, quién cumple su segundo mandato detentando el ejecutivo en España. Es por eso que se espera que en las próximas horas, amparado por el 90% que obtuvo el “sí” en los sufragios que se pudieron realizar, no se descarta que Catalunya le anuncie al mundo su independencia.

Y en medio de todo eso…el fútbol

Una imagen atípica, el Camp Nou vacío.

El fixture de la Liga BBVA marcaba que desde las 16.15 del domingo 1ro de Octubre, el Barcelona debía enfrentar a Las Palmas, en el Camp Nou. El Barsa, líder de la Liga, no evitó opinar sobre el referendúm. Antes, el 8 de septiembre, Javier Tebas, presidente de la Liga BBVA, había advertido que, en caso de independizarse Catalunya, el Barcelona (y los demás equipos catalanes) no podrían disputar el torneo español. Esto afecta, actualmente, al culé, al Espanyol (que evitó expresarse sobre el referendúm) y al Girona.

La respuesta del Barcelona a esta advertencia, fue emitir un comunicado el 20 de septiembre pasado, en el cual defendía el derecho de los catalanes a “elegir”, sin más. En el texto del mismo, el FC Barcelona asegura que está a favor de “la defensa del país, de la democracia, de la libertad de expresión y el derecho a decidir” El comunicado coincide con el día en que la Guardia Civil había irrumpido en Catalunya y en que los Mossos d’Squadra detienen a varios miembros de la Generalitat. Puigdemont denunció ese día que el autogobierno de Catalunya fue suspendido “de facto”. De todas maneras, Puigdemont y la primera plana del Govern anunciaron que el 1-O se votará igual.

Es sabido que dentro de la plantilla del Barcelona hay muchos jugadores consustanciados con la causa independentista. Sergi Roberto es uno, pero Gerard Piqué es EL emblema. El defensor, campeón del Mundo con España en 2010, siempre ha reivindicado la Senyera, lo que le ha valido, a esta altura, el desprecio por gran parte del público español, más que nada de Madrid. En ocasión del último España 3- Italia 1, por eliminatorias, disputado en el estadio Merengue, cada vez que Piqué tocó la pelota recibió una lluvia de silbidos. Sergio Ramos, emblema del Madrid y compañero de saga de Piqué en La Furia, pidió que no lo piten. Pero de nada sirvió.

Ayer, en medio de su charla con la prensa (recomendable, de principio a fin) Piqué lloró al hablar de los incidentes que han dejado casi 900 heridos en toda Catalunya y volvió a insistir en que si sus convicciones o su sentir eran un estorbo para la Selección de Juan Manuel Lopetegui, él ponía su renuncia a disposición.

 

Claro, en la interna que se vivió horas antes, Piqué había sido uno de los futbolistas del Barcelona que, bajo ningún concepto quería disputar el partido ante las Palmas. El Barcelona pidió a la RFEF suspender el cotejo, pero ni la Federación, ni la policía catalana consideraron que había motivos para hacerlo. Se especuló con que el club no presentaría equipo, en señal de solidaridad con los violentos hechos acaecidos a los que dos ex barcelonistas, Puyol y Xavi Hernández, coincidieron en tildar de “vergüenza”, a través de las redes, pero las sanciones que recibiría, hicieron que el club decida jugar.

Una parte de la parcialidad del Barsa, había advertido que si el club se presentaba a jugar contra Las Palmas, invadirían el Camp Nou y harían una sentada en protesta de lo que estaba ocurriendo. Ante esto, el Barcelona decidió que el juego se daría, pero a puertas cerradas. Piqué seguía sin querer jugar, quizás por eso sus lágrimas en el final.

Las Palmas, además, había tomado una actitud desafiante para con el Barcelona. Había decidido jugar el partido,tanto el que se debía disputar en Camp Nou, como el político. El club de las Canarias, ubicado en la región de Las Baleares, emitió un comunicado en la previa, en la cual explicaba su decisión de jugar con una bandera española bordada en su camiseta. La misiva, que se publicó en la web oficial del club, decía, en parte, lo siguiente:

“Hoy la UD Las Palmas rinde visita en una fecha inédita para nuestro país, el día que el Gobierno catalán fijó para la celebración de un referéndum fuera del marco legal español, con la fuerza que tiene el eco internacional de todo lo que ocurre en el Camp Nou. Los pronunciamientos públicos en los días previos, especialmente el de nuestro anfitrión, el FC Barcelona, han convertido este partido oficial de la Liga Santander en algo más que una cita deportiva en cumplimiento del calendario.
La UD Las Palmas podría haberse limitado a ser testigo mudo de esta encrucijada histórica o tomar partido. Nos decantamos por lo segundo. Decidimos bordar en nuestra camiseta una pequeña bandera española y la fecha de hoy, 1 de octubre de 2017, para testimoniar sin estridencias nuestra esperanza en el futuro de este país y en la buena voluntad de quienes convivimos en él, en busca del mejor entendimiento. Por muy lejos que esté el Estadio Gran Canaria, nunca hemos sentido la menor tentación de formar parte de un país que no sea este. Y por muy compleja que sea la situación, siempre confiaremos en saber simplificarla para entenderla mejor y encontrar soluciones.
Hoy, lo que hacemos es muy simple. Con la bandera española bordada en nuestra equipación queremos votar de forma inequívoca en una imaginaria consulta a la que nadie nos ha convocado: creemos en la unidad de España. Lo hacemos desde la autoridad moral que le quieran conceder a la región más lejana de la capital de este reino. Para decirle al mundo que sentimos dolor por lo que está ocurriendo., confiando en que a nadie le incomode este gesto. Como nunca nos incomodó ver ondear senyeras en la grada, extendidas sobre el césped o envolviendo el cuerpo de nuestros rivales que, una vez terminado el partido, son compatriotas que nos llenan de orgullo al formar parte de uno de los mejores equipos del mundo, o de una de las mejores selecciones del planeta”.

Como respuesta, el Barcelona suspendió la comida de “camaradería” con los dirigentes canarios, quienes se pararon en la vereda de enfrente del deseo de sus rivales, el de poder elegir sobre su futuro. Vale la pena aclarar que, en la mayoría de España, los deseos independentistas de Catalunya están mal vistos. Otro capítulo del apoyo a la “unidad nacional” se vivió en el Santiago Bernabeú, en ocasión del partido Real Madrid – Espanyol. El Merengue, ante un equipo catalán que evitó pronunciarse en la cuestión política, pobló las tribunas de su estadio con banderas españolas, dejando muy claro su mensaje.

El Bernabeú no quiso quedarse afuera de la disputa.

Quizás, la imagen más triste y colorario a esta situación, haya sido el Camp Nou desierto. Sin público, un público que estaba en las afueras y que mientras el vicepresidente del club, Carles Villarubí, presentaba la renuncia mostrando su descontento con que el partido se juegue, pedía a viva voz la renuncia del presidente del club, Josep María Bartomeu, quién en sus redes se pronunció a favor del proceso, pero en los “papeles” no pudo evitar que se juegue el partido en el Camp Nou.

En medio de todo este clima enrarecido, con represión en las calles, imágenes tristes, una votación sesgada y censurado por Mariano Rajoy y compañía, Lionel Messi se las ingenio para hacer dos goles más y llegar a 11 en la actual Liga BBVA. Antes, Sergio Busquets había abierto la cuenta en partido raro, con un estadio desalmado.

Después, el silencio.

Los gritos de los jugadores, el sonido de las indicaciones, el ruido de la pelota siendo impactada por los 44 botines presentes y nada más. Silencio. Afuera,a metros, a cuadras, a la redonda, toda Catalunya estaba gritando. Al mismo tiempo, como casi siempre, el Barcelona volvía a ganar y Messi a hacer goles, con un tablero electrónico que en Camp Nou no decía ni formaciones, ni escudos, ni tiempo: sólo un sobre, una urna y una palabra: Democracia.

 

 

 

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