Un nuevo Cromañón o el necesario cambio de un paradigma

Una vez más, el Rock nacional afronta un “punto de quiebre”. Desde ahora, ya nada será lo mismo. La ola de denuncias por abusos sexuales ya se llevó puesta a varias bandas, dejó a otras tecleando y a otros sumidos en un silencio sepulcral, ¿por respeto, por miedo, por qué?

 
Nuevo cromañon, cambio de paradigma

La bola de nieve empezó el pasado 20 de septiembre. Desde temprano, comenzaron a circular por las redes, acusaciones para Miguel Castillo, baterista de “De Lo Ajeno”, a quién dos chicas lo acusaron de haberlas abusado. Ante los pesados antecedentes de José Miguel del Popolo de “La Ola que quería ser Chau” quién enfrentará a la Justicia, procesado por los delitos de abuso sexual con acceso carnal reiterado en tres oportunidades, y lesiones leves agravadas por tratarse la víctima de una mujer y haber sido perpetrado mediando violencia de género y de Cristian Aldana de “El Otro Yo“, quién está alojado en el penal de Marcos Paz, procesado por abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores en siete oportunidades. También cabe mencionar a Gustavo Cordera, de la “Bersuit Vergarabat”, quién realizó repudiables declaraciones en la escuela de periodismo TEA, en las cuales afirmó que “algunas mujeres necesitan ser violadas”. Ahora, el tema de los abusos sexuales y otras acusaciones tanto o más graves, vuelven a sentar en el banquillo de los acusados al ambiente del under, no tan under e incluso más arriba de nuestro rock nacional.

Bastó que alguien preguntara “Eh, ¿y de Aysine no van a decir nada?”, para que en esa verdadera marebunda de 140 caracteres que es Twitter, donde parece que todo vale, cayera la primera denuncia contra Santiago Aysine. De la usuaria @_SoleMerk2, de nombre Marla, en esa red social y Soledad, en la vida real (que, por cierto, no es Twitter). Fue como si alguien abriera las caja de Pandora. De pronto, en un puñado de horas, Aysine y Salta La Banca eran una banda de abusadores y pedófilos. De pronto, el ídolo de muchos era acusado y sentado en un banquillo muy pesado.

Luego de las muchísimas denuncias que recibió Aysine (las cuales apenas un puñado abandonaron el anonimato) empezaron a caer otros nombres y bandas detrás. Pablo Germade, Pablo Spivak (quién oportunamente aclaró su situación, al menos haciéndose cargo de la denuncia que lo mencionaba), Martín Marocco (a quién Sueño de Pescado resolvió, inmediatamente apartarlo del grupo, a días del show más importante de su carrera) y, en las últimas horas, nueve días después de que estallara todo, aparecieron implicados Marcos Scalarendi, cantante de “Alma Bouquet”, una banda que de inmediato decidió bajarse de la fecha que iba a compartir como invitados de “Salta La Banca” el sábado 30 de Septiembre en La Plata, Gustavo, de Utopians, que se hizo cargo de lo que hizo, pidió disculpas y luego fue “corrido” del proyecto por Barbi Recanati, la cantante, su amiga y una mujer muy involucrada con la causa feminista y el baterista de “De La Gran Piñata“, Alejandro Zenobi, acusado de abuso, lo que llevó a “DLGP” a anunciar un parate inmediato en las actividades de la banda y a él a grabar un comunicado. Vale hacer una aclaración pertinente: ninguno de estos hechos han sido aún denunciados a la Justicia, en lo que marca una sustancial diferencia con los casos de Miguel del Popolo y Aldana. Es más, en el caso de Zenobi, en la misma ‘fuente’ que denunció el supuesto abuso, llegó la desmentida, demostrando lo falible que son los sistemas de denuncia tipo “Curios Cat”.

Stop.
¿Y ahora? ¿Qué hacemos nosotros?

Si esto fuera un juicio, lo arriba mencionado serían los hechos. Ahora, como medio de comunicación alternativo, Rock ‘N Ball decidió no quedarse quieto, ni tampoco callado. Entendemos que el silencio era la opción más cómoda. Dejar que las aguas se calmen y poder opinar “con el diario del lunes”. El único problema con eso es que le estaríamos faltando el respeto a lo que somos “un medio alternativo de comunicación”. Por cuestiones azarosas, tuvimos el testimonio de Santiago Aysine de primera mano, cuando el Tsunami de denuncias apenas era una ola fuerte. Eso nos dejó en una posición de tener que redoblar esfuerzos para hacer sonar las otras campanas, a riesgo de quedar como medio “amigo”, como también he leído. La postura de este medio luego de arduos y encendidos debates, fue muy clara, y se basa en dos principios fundamentales: dar voz a los que no tienen micrófono, y dar voz a aquellos que quieran bancar con su cara lo que dicen.

Los peligros de las redes sociales, el Curious Cat y demás “canales” que se han utilizado para dejar caer denuncias que pueden poner en juego carreras, reputaciones y demás, son evidentes. Cualquiera puede escribir cualquier cosa. Tal es así que la cuenta @PorLasPibas, creada mayormente para este fin, ha reconocido la falsedad de alguna denuncia y se prometió “redoblar” los esfuerzos para el chequeo necesario. Desde Rock ‘N Ball, por eso, decidimos darle curso a las denuncias que vengan con voz y cara. Así las cosas, no quedarnos de brazos cruzados, pero tampoco participar de esta suerte de caza de brujas que se inició hace ya 9 días. De todas maneras, partimos de la base que mucho peor es equivocarse con una víctima que con un abusador, pero intentaremos reducir el márgen de error en la medida que podamos.

Creemos que los implicados deben dar explicaciones, el silencio por el que algunos optaron sólo hace aumentar las dudas y la desilusión. Es duro para este medio ver como muchos de los artistas de cuyo arte nos nutrimos para nuestro trabajo diario, aparecen tachados de abusadores, acusados de delitos tan graves como arruinarle la vida a una persona. Porque en algo hay que ser claros: una persona abusada, después de eso, no vuelve a ser la misma. Quizás consiga rehacer su vida, valorizarse nuevamente y seguir adelante, pero no volverá a ser la misma. Es una cicatriz en el alma que se mantiene ahí, inalterable. Y ante tamaño dolor, el silencio es la peor cura. Pero no sólo de los implicados: de todos. De los medios que tenemos que informar, de los protagonistas que tienen que hablar, y de las pibas que tienen que salir a denunciar, con nombre y apellido, con pruebas, con cara y voz a quienes les arruinaron la vida. Es un ejercicio necesario para realmente darle un corte a todo, de lo contrario, “esto también pasará”, como dice una frase que se puede leer por ahí, y habrá que ver que queda de todo esto.

Desde este medio decidimos no hacer juicios de valor, en absoluto. Somos megáfono, parlante y amplificador, de las pibas que quieran a venir a contarnos qué les pasó, lejos del anonimato, poniéndole el cuerpo a todo esto. En lo que consideramos un enorme acto de valentía. No vamos a tachar a ninguna banda ni cantante de nada, las mismas acciones terminarán por poner las cosas en su lugar. No somos jueces, pero sí somos parte. Y somos parte interesada, antes que por ser medio, por ser personas. No queremos vivir en una sociedad donde el abuso del rockerito a la fan esté naturalizado vaya a ser porque mecanismos de la “cultura rock”. Un abuso no puede ser inscripto bajo la frase “Si te gusta el durazno, bancate la pelusa”, como algunos dan a entender. Creemos que la caza de brujas es grave, creemos que varios caerán en la volteada sin tener nada que ver. Confíamos en que se puedan defender, en que lo puedan probar, en que se hagan cargo. Es esencial separar la paja del trigo. Si no, todo da igual. Todo da lo mismo. Y no, todo no es lo mismo, aunque el límite aparezca como una línea finita y difusa.

Es cierto, esto pasaba y se decía desde hace mucho tiempo. Pero un día pasó de lo privado a lo público y ahora es el momento de actuar. Así como todos sabíamos que había bengalas en el rock, pero hasta que no sucedió “Cromañón” nadie actuó en consecuencia. Bueno, esto es lo mismo. Una vez más, el Rock queda en un lugar incómodo, del que volver no le será fácil. Habrá que afrontar acusas de demonización, gente hablando sin saber y mecanismos de degradación. Pero como aquella vez, el Rock podrá defenderse y seguir. Pero porque el Rock no es bengalero, el rock no es abusador, el rock no mata. Sí las personas que lo integran. Ojalá el propio Rock (sus integrantes) sean capaces de volver a interpelarse, de juzgarse, de volver a cambiar las reglas del juego. Aquella vez, todos salimos beneficiados: sin bengalas, todo se volvió un lugar más seguro. Imagínense si el rock madura de una vez y entiende que una pibita de 16 años, por más “buena que esté”, por más fan que sea, por más “provocadora” que se presente, no es un trofeo, ni una conquista, ni una medalla. Una vez más, saldremos todos beneficiados y nuestro rock volverá a sanar.

Mientras eso pasa, desde Rock ‘N Ball llamamos a nuestros colegas a no quedarse viendo como todo pasa. Nos parece que ver el agua correr, y recién después hablar, es un error de formación y deformación. Somos medios de comunicación alternativo. Es nuestro deber querer y saber informar. Aunque nos duela, aunque se nos cierren puertas, aunque paguemos costos a futuro. Al menos Rock ‘N Ball no fue creado para ir a ver gratis shows de rock. Rock ‘N Ball fue creado como un canal alternativo de comunicación, en horas en que los grandes medios de comunicación están sumamente contaminados. ¿Cómo nos vamos a hacer los boludos con esto? ¿Cómo se van a hacer los boludos con esto?

 

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