¿Cuántos shows de la Renga hay en un show de La Renga?

En una noche con mucho olor a reencuentros, La Renga conquistó por segunda vez en Palacio Ducó. La banda al palo, una lista de canciones sólidas, sonido potente y prolijo configuraron una jornada difícil de olvidar para la banda y sus fanáticos. Ni el corte del sonido inoportuno pudo amainar el “viento que todo empuja”.

 

Seguramente haya pocas formas mejores de empezar un día que cantando, entonando, graznando “El Rey de la Triste Felicidad” en un Huracán que desarrolló la capacidad de no tocar el suelo durante las 2 horas y casi 40 minutos que “La Renga” hizo lo que quiso con nuestras voluntades. Casi que estoy seguro que no existe una manera mejor, de verdad lo digo. Eso de ver un campo levitante, al de al lado sacado, al de más abajo abriendo los brazos, a las populares centelleantes de luces de celulares, esos brazos que asoman desde la platea baja y esa verdadera marea de “rengos” que se mueven para acá, se mueven para allá, según Chizzo, Tete y Tanque lo dispongan.

Pero ese es uno de los tantos shows de la Renga que se pueden ver en un show de La Renga. Está el show de los que no ven el show. Ese grupo de 10, 15, 20, por momentos 30, locos que saltan, poguean, se filman, todo detrás de la carpa de la Cruz Roja, imposibilitados, quizás, de ver la acción pero reaccionando como nuestro cuerpo reacciona al azúcar, en trance, demostrando que no hace falta ver para sentir, que con el sonido, con el amigo ahí, con el salto aunado y hermanado basta.

O el show de esos que forman parte de la última fila, que están “Bien alto”, en las populares Luna y la que da a Amancio Alcorta, donde el frío de esta noche de miércoles se hace sentir, pero puede más el rock. Y así, ” a la carga mi rocanroll” se sacuden la fresca y también saltan, se despojan y se dejan llevar.

Y el show también está, desde temprano, en las calles de Parque Patricios. Donde la liturgia renguera peregrina rumbo al Palacio Ducó, 13 años después. Algunos caminan, otros se arrastran, otros ni saben dónde están. Todo con la escenografía de los cientos de puestos que venden remeras, posters, buzos, calcos, bufandas e incluso ¡mates! con alguna imagen icónica del power trío de mataderos. La marea humana, el humo de los puestos de comida, apostados a lo largo de más de un kilómetros, sobre la calle Colonia, hacen pensar que esto no es un recital, que estamos en plena filmación de un capítulo de Game Of Thrones, que esa procesión está acampando, camino a una guerra en la que no habrá ni vencedores, ni vencidos.

El show está en la cara de esos que van siempre, de los que van por primera vez y de los muchos casos de reencuentro. Muchos jamás viajaron para ver al power trío de Mataderos, y cortaron su asistencia a los shows cuando La Renga dejó de tocar en la Capital. Para ellos también es tiempo de volver, tiempo de estar de nuevo ahí, cerca de ese viento que todo lo empuja, es la oportunidad oportuna que estaban esperando. Diez años, 15, 12 lo que fuera. Muchos de los 38 mil que coparon la cancha de Huracán hacía más de una década que no veían a la banda en vivo. Y eso se sentía en el ambiente, se palpaba la sensación de reencuentro, de revancha. De alegría.

El Palacio Ducó reventó (Héctor Palacios/ Rock ‘N Ball)

Y, por supuesto, el show de arriba. El que Chizzo, Tete, y Tanque salieron a dar apenas el reloj marcó las 22.13. “Tripa y Corazón” como para empezar “light” una noche larga, en la que La Renga no dejó disco sin “visitar“, pero apoyada en esas canciones que ya ganaron el partido antes de jugarlo, con algunos temas de su último disco, “Pesados Vestigios”, ya empezándose a colar en el cancionero en loop de los rengueros, como “San Miguel”, en tributo a Miguel Ramírez, asesinado por la estupidez de quién pensó que accionar una bengala naútica en un show era una buena idea y “Corazón Fugitivo”, que posee un riff demoledor, que marcó el regreso de la banda a las fuentes, tras el “desliz” que significó “Algún Rayo“; el disco más difícil de digerir del grupo, del que sólo sonó “Destino Ciudad Futura”, buscando que las canciones también tengan su revancha.

***

“Es el Ángel que te cuida, que se está muriendo acá…” y, de repente, todo se apagó. Las pantallas dejaron de transmitir al unísono y la banda se quedó haciendo la mímica. El corazón de Huracán había dejado de latir. Minutos después, mientras la gente cantó el clásico “Vamos La Renga, con huevo vaya al frente…” y varios entonaron el “Vamos a volver”, cántico político kirchnerista en tiempos de macrismo puro y duro, Chizzo volvió al escenario y resumió la cuestión: “¡Qué cortamambo, loco!”, comenzó quejándose. “Siempre hay algún boludo que se lleva puesto un cable ahí atrás, bueno, ¿vamos de nuevo?” y volvió a empezar “En el Baldío“, clásico alojado en “La Esquina del Infinito”, álbum del que sonaron muchos temas.

Lo que para muchas bandas pueden convertirse en un momento difícil de atravesar, que de golpe se enfríe una fiesta de 38 mil monos saltando como enajenados, y ser muy complicado volver a encender el motor, para La Renga fue un juego de niños. “Vamos, que no decaiga, esto está en el pico. Esto está bien alto”, graznó Chizzo y el inicio del hit de “La Renga”, albúm homónimo mejor conocido como “el de la estrella”, hizo el resto. Desde ahí, como si la banda precisara demostrar algo, todo sonó aún mejor y los temas fueron una piña en el mentón tras otra: “Arte infernal”, “Oportunidad Oportuna”, “El Rey…”, “Oscuro Diamante”, “El viento que todo empuja” y “La Razón que te demora”, como para que Huracán quede en llamas pensando en los bises.

Antes, igual, la banda no había escatimado tampoco y había soltado una muy buena veintena de temas, con “Blues Cardíaco” y “Paja Brava” (aprovechando que el 1ro de Agosto fue el día de la Pachamama) liderando la lista de “rarezas en vivo” y con “El Twist del pibe”, “Cuando vendrán”, “Ser yo”, “Desnudo para Siempre (o despedazado por mil partes” y “Hielasangre”, asegurando el agite y el pogo, para que ese “humo” que generaba la transpiración de la monada apretada adelante, donde seguro la temperatura estaba unos 15, 20 grados más alta, jamás se corte.

El sonido que presentó La Renga fue demoledor. La guitarra de Chizzo se debe haber escuchado en cada uno de los puntos que La Renga tocó previamente en la capital, los edificios deben haber vibrado al ritmo de una de las bandas más grandes de la historia del rock nacional que encima tiene un par de medallas que colgarse: su masividad, innegable, pero siendo “Los Mismos de siempre“. Donde otras bandas mostraron sus miserias, sucumbieron a la rutina, se dejaron comer por miserias personales y perdieron, La Renga triunfó, triunfa y triunfará. Sigue siendo esa banda de amigos que empezó “Esquivando Charcos” y siempre termina “Hablando de la Libertad”. Que sabe abrir las puertas de su éxito a otras bandas amigas, ayer le tocó a “Brancaleone”,”La última seca” y “Compresión”, pero durante estos 4 shows, son más de 8 las bandas que desfilarán por el mismo escenario que lo harán ellos. Ahí está el secreto de La Renga, haber dejado que la amistad triunfe por sobre todo lo que el éxito conlleva: el dinero, los egos, las miserias y los amigos del campeón. Y eso demuestran cada vez que se suben a tocar, porque los años pasan, pero Chizzo canta cada vez mejor, Tete cada vez corre más y Tanque cada vez le pega más fuerte a la batería.

El público se merecía estos shows en Huracán, con esta prolijidad,con la banda en este nivel, con este muy buen “Pesados Vestigios” como excusa, pero más se los merecía la propia banda. Una vuelta más, una serie de conciertos más en la Capital Federal, cerca de dónde nacieron, de donde forjaron esta banda de rock arrolladora y conmovedora, con himnos capaces de tocar las fibras más íntimas, con riffs que quedan rebotando en el inconsciente, con letras que apuntan directo al corazón.

Pasó el segundo Huracán, quedan dos más, y después, quién sabe. Ojalá se vuelva costumbre, ojalá La Renga pueda tocar seguido acá, en Capital: “Somos nómades, pero nos encanta estar en casa también”, dijo Chizzo apenas iniciado el show, como dejando bien en claro que nadie más que la banda quería tocar acá, cerca de su barrio, cerca de sus orígenes, cerca suyo, porque La Renga está ahí, en cada show de La Renga que se genera en cada show de La Renga. Después de todo, todo no es más que una parábola y el final, siempre, es en donde partí.

Inconfudible silueta. El Tete y su bajo. Historia viva de “La Renga” y su mitología (Héctor Palacios /Rock ‘N Ball)

Lista de temas

1- Tripa y corazón
2- Nómades
3- A la carga mi Rock And Roll
4- Almohada de piedra
5- Mirada de acantilado
6- Detonador de sueños
7- Destino ciudad Futura
8- El twist del pibe
9- San Miguel
10- Cuando vendrán
11- Corazón fugitivo
12- Blues cardíaco
13- Ser yo
14- Paja brava
15- Cualquier historia
16- Desnudo para siempre (ó Despedazado por mil partes)
17- Hielasangre
18- Al que he sangrado
19- En el baldio
20- Bien alto
21- Arte infernal
22- Oportunidad oportuna
23- El rey de la triste felicidad
24- Oscuro diamante
25- El viento que todo lo empuja
26- La razón que te demora
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27- El rito de los corazones sangrando
28- En los brazos del sol
29- El final es en donde partí
30- Hablando de la libertad
 

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