Designated Survivor y House Of Cards: intrigas presidenciales vía Netflix

House of Cards marcó un antes y un después, Designated Survivor le sigue la pista. ¿Qué las une y qué las diferencia? Se los contamos.

 
Designated

En la actualidad, no solo los canales de televisión producen buenas series. También algunas plataformas de streaming lo hacen (a veces, en asociación con ellos). De entre todas, Netflix sin dudas lleva la delantera, y una de las series responsables de su despegue fue el drama/suspenso presidencial House of Cards. Pasados ya cuatro años de su estreno, la serie sigue en plena vigencia, pero ya no está sola. Montándose en su éxito, Netflix amplió su abanico de productos y empezó a generar contenidos para todos los gustos y paladares. Entre ellos, sin embargo, aparece Designated Survivor, otra serie que transcurre en la Casa Blanca.

¿Está Netflix reinventando sus ideas para mantener a su público? ¿O es que en realidad se parecen menos de lo que se ve a primera vista? Este análisis temático puede echar un poco de luz sobre el asunto.

La premisa

Se trata de la idea que da origen a una serie, y debería poder describirse en unas pocas líneas. Va el intento: House Of Cards trata sobre Frank Underwood, un Congressman (Diputado en Argentina) a quién el Presidente que asume le niega un lugar en el gabinete que le había prometido antes. Underwood intenta luego escalar en cargos y ganar poder por todos los medios. Todos significa todos. En tanto, Designated Survivor trata sobre un modesto Secretario de Vivienda a punto de asumir, Tom Kirkman, a quien le toca no asistir al discurso de toma del poder del Presidente para hacerse cargo de la situación si alguien ataca el lugar (donde está toda la clase política de todos los poderes del Estado). El atentado sucede y Kirkman, casi sin colaboradores en un principio, se convierte en Presidente. La diferencia es clara: Underwood quiere el poder a toda costa, a Kirkman le cae de la nada y no está muy contento con eso.

Los personajes principales

Underwood es lisa y llanamente un cínico. Sus amigos pueden dejar de serlo si eso no conviene más, y sus enemigos pueden transformarse en aliados si de allí surge algún beneficio. Y esas traiciones son lo más liviano. Situaciones puntuales, como la del primer episodio de la segunda temporada (uno de los mejores de toda la serie), lo pintan de cuerpo entero. Kirkman, en tanto, es buen tipo y algo timorato, excepto cuando las papas realmente queman y se pone más duro. Es exactamente el revés de Underwood, dado que lo último que deja atrás son sus valores. Inclusive son diferentes en su concepción sobre las políticas públicas: mientras Underwood mira en ellas solo el rédito político futuro, Kirkman gestiona convencido de estar haciéndole un bien a alguien.

Las primeras damas juegan un rol muy importante en ambas series, pero tienen las mismas diferencias. Ambas son mujeres con ambiciones propias, pero Claire Underwood desafía mucho más a su marido (incluso políticamente) que Alex Kirkman. Eso se ve en los momentos en que ellas se ven desautorizadas por sus maridos en consejos o decisiones: Alex baja su perfil político para apoyarlo, mientras Claire lo sube para ver quién llega más lejos.

La trama y los “antagonistas”

La narración es bien distinta. En Designated Survivor la cosa está bastante clara: alguien voló el Capitolio en mil pedazos y el Presidente quiere saber quién es. A medida que va apareciendo un tufillo a conspiración, queda de manifiesto que hay personajes “buenos” (entre los que está el pobre Kirkman), personajes “malos” y personajes ambiguos. El hilo narrativo es bastante usual y nos remite a, por ejemplo, Flashforward y otras series del estilo en las que la ficción hollywoodense está a flor de piel. Los nombres de los personajes “malos” no serán revelados en esta nota para evitar spoilers, pero existen de manera explícita.

House of Cards, en ese sentido, es bastante más difusa, y ese es uno de sus principales atractivos. Si la serie estuviera narrada convencionalmente, los antagonistas serían los Underwood en su carrera de ambición desmedida por el poder, mientras los “buenos” serían – por ejemplo – los periodistas que los investigan. Sin embargo, el espectador hasta se encariña con el matrimonio presidencial a pesar de sus métodos. Además, la trama va mostrando las bondades y las miserias de casi todos los personas, llevando al extremo la idea de que no hay “buenos” y “malos”, sino personas que actúan de un modo u otro según convenga. Es una oda al realismo e intenta que la ficción, muchas veces, quede de lado. Esa vuelta de tuerca diferencia a las series claramente.

¿Vale la pena ver las dos?

Sin dudas. Si bien tienen en común la temática “Casa Blanca”, ambas series muestran un enfoque bien distinto y son muy recomendables para quien guste de las intrigas presidenciales. Designated Survivor es una historia sobre cómo lidiar con el poder a pesar de no desearlo, mientras que House Of Cards trata sobre el poder como objeto de deseo y sobre cómo alcanzarlo. Es muy probable que a quien le guste una, le gusten las dos.

 

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